A la búsqueda de un tratado que frene la proliferación de plásticos.

Delegaciones de 170 países inician hoy en Ginebra una cumbre de la ONU para impulsar un tratado global que frene la proliferación de plásticos. Más de 11 millones de toneladas acaban todos los años en los océanos y menos del 10% llega a ser reciclado, lo que pone en grave riesgo la salud y el medio ambiente, según un informe.

La producción de plásticos se ha multiplicado por 200 desde 1950 y supone un grave riesgo para la salud y el medio ambiente. La «crisis de los plásticos» se traduce en daños estimados en 1,3 billones de euros para la salud de millones de habitantes de todas las edades, desde la contaminación del aire y del agua a la exposición a productos químicos, según un estudio publicado esta semana por The Lancet. El 98% de los plásticos provienen de los combustibles fósiles en procesos productivos que generan el equivalente a 2.000 millones de toneladas de CO2 al año, más que las emisiones de Rusia.

Más de 11 millones de toneladas de plásticos acaban todos los años en los océanos. Menos del 10% llega a ser reciclado y la gran mayoría es de un solo uso, sobre todo para botellas y para el empaquetado de alimentos. Al ritmo actual, la producción volverá a multiplicarse por tres de aquí al 2060 y la ubicuidad del material que pueda tardar cientos de años biodegradarse será aún mayor.

A todos estos apremiantes desafíos intentarán dar respuesta las delegaciones de 170 países, reunidas en Ginebra bajo los auspicios de la ONU con el objetivo de firmar un tratado global para hacer frente a la «crisis de los plásticos». En cinco ocasiones anteriores, el intento acabó en «fumata negra», principalmente por falta de acuerdo sobre la reducción de la producción.

Como en las cumbres del clima, los países productores de combustibles fósiles (Araba Saudí, Rusia e Irán) se han opuesto a la posibilidad de fijar un «techo» en la producción y han insistido en la necesidad de poner el énfasis en la gestión de los residuos y en el reciclaje. Como ocurre también en las COPs, la presencia de más de 200 lobistas de las industrias químicas y de los combustibles fósiles (como en la última cumbre celebrada el año pasado en Busan, Corea del Sur) complican aún más el proceso.

A las objeciones puestas también por China ante el intento de fijar un «tope» de producción, se une ahora la posición de la Administración Trump, que ha rebajado las expectativas indicando su apoyo a «un acuerdo de ambición más baja que no incluya cortes en la producción». Las clásicas tensiones norte/sur que afloran en las cumbres del climas añadirán finalmente más suspense a la conferencia de Ginebra.

Un texto vinculante y por consenso

Las negociaciones se prolongarán hasta el 14 de agosto, cuando se espera que pueda haber finalmente un texto vinculante y aprobado por consenso. En medio de un clima político poco proclive al multilateralismo, existe sin embargo la posibilidad de que el acuerdo vuelva a saltar por los aires y quede nuevamente aplazado.

Las organizaciones ecologistas advierten que un tratado que no introduzca un tope en la producción será interpretado como un paso en falso. «La producción incontrolada de plásticos es una sentencia de muerte», advierte Graham Forbes, al frente la de delegación de Greenpeace. «La única manera de atajar el problema es dejando de producir tanto plástico».

Lo científicos se dejarán oír también en Ginebra, en una coalición coordinada por Richard Thompson, biólogo de la Universidad de Plymouth, a quien se le atribuye el concepto de los microplásticos y cómo afecta a la vida marina y a la cadena de la alimentación.

«Está claro que la contaminación por plásticos llega de los polos al ecuador», declaró Thompson a The Guardian. «Encontramos microplásticos en las profundidades oceánicas y en las montañas más altas. Los humanos están expuestos a ellos desde el útero materno al resto de sus vidas. Está claro que para proteger a futuras generaciones necesitamos una acción decisiva ahora, con un tratado que haga frente a la contaminación por plásticos».

«Sabemos ya bastante sobre la gravedad del daño a la salud y al medio ambiente de los plásticos», advierte por su parte el epidemiólogo Philip Landrigan, profesor del Boston College y uno de los autores del reciente estudio de The Lancet. «Los impactos recaen sobre las poblaciones más vulnerables, especialmente los niños. El resultado es un coste enorme para la sociedad, y va siendo hora de responder».

El informe de The Lancet destaca cómo se han descubierto trazas de microplásticos en fetos, con riesgos de malformaciones de nacimiento, cánceres durante la infancia o problemas de fertilidad en la edad adulta. Los microplásticos, advierte el estudio, entran en el cuerpo a través del agua, de los alimentos y del aire. Y las partículas han sido encontradas en la sangre, en las placentas, en la leche materna, e incluso en la médula ósea.

Fuente: El Mundo.

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